Tan solo estamos finalizando marzo y ya empezamos a añorar a 2025 como un buen año… Todo está “manga por hombro” y, cada vez, el panorama tiene peor pinta.
Pero, en contra de lo que, en un primer momento, pudiéramos pensar, el que el mundo esté “patas arriba” no es exactamente sólo por culpa de Putin, Trump, Xi Jinping, Benjamín Netanyahu, el régimen iraní, las potencias emergentes, las dictaduras, los malos gobernantes, el fundamentalismo, los grupos paramilitares, el crimen organizado, la delincuencia tecnológica… ni siquiera la culpa es exactamente de la suma de todos estos actores…
La inestabilidad geopolítica actual es el resultado de una compleja interacción de todos ellos, a lo que habría que sumar otros oscuros actores e, incluso, entidades supranacionales cuyos intereses trascienden el de los estados y sus ciudadanos.
Todo lo que ha estado vigente hasta ahora se está poniendo en “tela de juicio” y posiblemente el mundo se encuentre en su momento más crítico desde el final de la Segunda Guerra Mundial… Sin que nos vayamos dando cuenta, a cada momento nos crean nuevos problemas y, los mismos que los provocan, se ofrecen como solucionadores… eso sí, al módico precio de la paulatina pérdida de derechos y libertades de los ciudadanos del mundo, en general.
Ocurren tantas cosas y tan inimaginables que vivimos en un estado de shock permanente, al que ya nos hemos acostumbrado… Sin que nos demos cuenta solemos negarnos a admitir la realidad y nuestro subconsciente nos quiere proteger haciéndonos pensar que tan solo se trata de una ficción, de una mala película de sobremesa de sábado…
Pero nada de ficción y vaya si es real… A poco que salgamos de nuestro ensimismamiento nos daríamos cuenta de que la civilización, valores y nivel de vida, están subarrendados a dictaduras, ególatras y, en definitiva, a regímenes y a una plutocracia a los que reprobamos, y que ni tan siquiera conocemos, pero que, hipócritamente, contribuimos a acrecentar comprándoles la energía y los recursos, de los que no disponemos y, todo aquello que, consideramos, nos resulta imprescindible en nuestro día a día.
Quizás por cansancio y porque cada vez somos más tontos, ya ni siquiera reaccionamos cuando nos ponemos ante el espejo de nuestras propias contradicciones. En medio de este repentino reseteo geopolítico, del que se supone saldrá un nuevo orden mundial, se está librando una partida en las que unos llevan peores cartas y se ve avocados a tener que jugar de farol, y otros, no solo las llevan buenas, sino que, además, esconden ases en las mangas…
Mientras se desarrolla esta peculiar partida, al resto nos toca asistir a como el matón machaca al más débil, aplicando sin piedad la lección que quiere que todos aprendamos… Y, por dura que sea, sin duda será una lección fácil de entender y difícil de olvidar… Y la cosa no tiene pinta de parar hasta que el nuevo orden mundial, sea el que sea, termine imponiéndose.
Todo ello bajo la fría e inescrutable mirada de quien primero nos deshumaniza y, luego, nos devora… Ángel Alonso

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