Aunque no tiene un único creador oficial reconocido, se cree que la frase, tan popularizada actualmente, "si no estás sentado a la mesa, estás en el menú", se originó en los círculos políticos de Washington alrededor del año 2000…
Su significado viene a ser una advertencia sobre la representación: si no participas directamente en la toma de decisiones que te afectan, es muy probable que tus intereses sean sacrificados en beneficio de quienes sí están presentes… En resumen, si no tienes voz y no pintas nada, te conviertes en el recurso o la víctima de los demás.
Refiriéndose a los líderes europeos, atribuyen a Putin que, en un discurso pronunciado el pasado diciembre, se refiriese a ellos como “cerditos”, en probable alusión al cuento de “Los tres cerditos y el lobo feroz…” Y la verdad es que la idea del cuento no está mal traída.
Lo cierto es que hace ya tiempo que Europa no está “sentada a la mesa” en la que se toman las decisiones geopolíticas y que cada vez se le está poniendo más “cara de menú…” Se está cocinando un nuevo orden mundial, pero no como un guiso con tiempo, fundamento y de alta cocina… no… se está asando la actual geopolítica a la parrilla, como una hamburguesa mal descongelada, en un cutre establecimiento de comida rápida… Todo va muy rápido… Demasiado.
Tras ochenta años de paz y libertad, el periodo más largo de su historia, a nadie se le escapa que Europa se encuentra en un momento decisivo, enfrentándose al panorama más peligroso en mucho tiempo… Un periodo convulso en el que, posiblemente, haya coincidido la peor colección de políticos al frente, o quizás, también sea posible que el actual periodo convulso que sufre Europa, sea consecuencia de la debilidad de sus actuales dirigentes…
Sea como fuere y recuperando la comparación con el cuento de “los tres cerditos”, Europa ha disfrutado de la paz regalada y garantizada por el que, hasta ahora, era el policía del mundo, pero, de repente, ese garante de la paz y de la seguridad de sus socios, no sólo ha presentado su carta de renuncia, sino que, además, exige el finiquito por los servicios prestados… En similitud con el cuento, en lugar de aprovechar esa circunstancia para ir construyendo casas sólidas para protegernos de la posible futura acometida de lobos feroces, nos hemos dedicado a otros menesteres que ahora podrían verse, cuando menos, como poco contundentes para mantener nuestra competitividad, defensa, independencia, libertad y, en definitiva, nuestra civilización.
La moraleja es que durante decenios Europa se ha acomodado y quizás hayan faltado esfuerzo y previsión… Lo que nos ha llevado a estar en el menú del nuevo orden geopolítico… Pero aún estamos a tiempo y Europa no tiene por qué resignarse. Ahora mismo y aunque algunos se empeñen en augurar un futuro muy negro, todavía tiene la oportunidad de remodelar su dirección estratégica y afirmar su relevancia en el nuevo orden mundial.
Si quiere seguir existiendo como tal, es la hora de la unidad y no de la separación… Es el momento de despertar de las ensoñaciones y de concentrar esfuerzos y energías a lo verdaderamente importante… Ha llegado el momento de que los países europeos tengan altura de miras y apuesten claramente por el bien común… Es la hora de la responsabilidad... Y si Europa es capaz de construir una sólida casa común, que no se pueda derribar, puede que se repita el final del cuento y que “los lobos feroces” acaben cayendo en la olla con agua hirviendo… Por el futuro, merece la pena intentarlo.
Ángel
Alonso

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