domingo, 24 de mayo de 2020

La Frontera Azul del Río Lian Shan Po

“Hay un proverbio chino que dice: No desprecies a la culebra por no tener cuernos, quizás se reencarne en dragón; también un hombre puede ser todo un ejército…” Así comenzaba, los sábados por la tarde, cada uno de los veintiséis capítulos de una de las series de mi adolescencia.



 Ambientada en la China Imperial del siglo X, en plena Dinastía Song, la serie trataba sobre los enredos de “el malvado Kao Chiu”, un personaje tramposo y sin escrúpulos que, con tejemanejes y engañando a todo el mundo, había conseguido acceder al cargo de Favorito del Emperador, lo que equivalía a ser algo así como el “presidente del Gobierno del Imperio Celestial”.

En lugar de ocuparse de las cosas de la gente y mejorar su nivel de vida, el malvado Kao Chiu se rodeó de una ambiciosa camarilla de la peor condición y, juntos, se dedicaron a asfixiar al pueblo con impuestos, a expropiar a los legítimos dueños de aquello que les demandase su avaricia, a confiscar los productos y los bienes de primera necesidad para después distribuirlos discriminadamente, como prebenda, a aquellos dóciles que aceptaban el nuevo régimen y les servían bien, mientras se encarcelaba y esclavizaba a los díscolos.

Al amparo legítimo que les daba el Poder Imperial, el malvado Kao Chiu y sus secuaces, hacían y deshacían a su antojo, “retorciendo” las leyes existentes, suprimiendo aquellas que no les gustaban e inventando otras nuevas que les ayudasen a alcanzar sus oscuros fines… Mientras gran parte de los súbditos se sumían en la miseria y el hambre, el malvado Kao Chiu se hacía con el control total de la Administración Imperial, como si de un botín se tratase, poniendo en puestos relevantes a miembros de su banda, en muchos casos seleccionados no por su talento y capacidad, sino por su culto y adhesión, siempre interesados, al intrigante, mentiroso y cruel Favorito del Emperador

Para perpetuarse en el poder, el malvado Kao Chiu y sus secuaces, urdían toda clase de pactos imposibles con los enemigos del Imperio Celestial, a los que concedía todo lo que le pedían, sin reparar en costes y sacrificios para el pueblo que, también hay que decirlo, sufría de grandes desigualdades en función de en qué región vivían o hubiesen nacido… Cualquier cosa, por inmoral o injusta que fuese, era válida para mantenerse y alimentar su ambición por el poder.

A pesar de tanta adversidad, la población se mantenía leal al Imperio Celestial y a su Emperador, del que advertían su poca presencia y escasa relevancia en las labores de Estado… En realidad el pueblo ya estaba hartándose de la omnipresencia del malvado Kao Chiu, de la creciente presión fiscal y de la continua pérdida de libertades… En realidad, con el desconocimiento del pueblo, el Jefe del Imperio Celestial se hallaba recluido en una especie de confinamiento porque, lo que el felón Favorito del Emperador ansiaba con toda su alma (si la tuviese), era reemplazarlo e instaurar un sistema dictatorial, sin libertades ni derechos y en donde tan sólo los allegados al régimen gozarían de privilegios, mientras que el resto de la población viviría oprimida, igualada en la miseria y sin esperanza…

Y entonces ocurrió… Amparado en la impunidad que a sí mismo se concedía en todas sus acciones y sin calibrar las consecuencias (por la amoralidad del personaje y su profundo desprecio a las tradiciones y las creencias milenarias), el malvado Kao Chiu, henchido de soberbia y ebrio de poder, “profanó el secreto de la montaña sagrada, en la que moraban espíritus malignos y héroes milenarios…” Aquella acción con la que, sin duda, buscaba humillar, crispar y dividir, fue el desencadenante para que, primero el valiente Lin Chung, capitán de la Guardia Imperial, y con él otros 107, todos ellos “última reencarnación de los espíritus de grandes héroes”, se fuesen enfadando, a lo largo de la serie y capítulo tras capítulo, con el malvado Kao Chiu y sus cosas…

Al final de cada capítulo, todos esos nuevos héroes que iban surgiendo, se marchaban a la frontera azul del río Lian Shan Po, una especie de reducto de libertad en donde se iban reuniendo y, una vez se hubieron juntado los 108, por decirlo con un eufemismo, “obligaron a dimitir” al malvado Kao Chiu y sus secuaces.

Ni que decir tiene que el Emperador terminó el confinamiento y todos volvieron a trabajar, a vivir con tranquilidad y a disfrutar de la libertad. Se restablecieron los impuestos justos y se restituyó la independencia a las instituciones que la habían perdido al ser usurpadas… Pero eso sí, todos aprendieron la lección… Nunca más se dejarían encandilar por charlatanes, producto del márquetin y sin la suficiente formación para dirigir los designios del Imperio Celestial.

Para evitar futuros sobresaltos, tanto los ciudadanos, como la instituciones, y el propio Jefe del Imperio, coincidieron en que jamás volverían a consentir que un mentiroso, intrigante, inepto y amoral Favorito del Emperador volviera a gobernarles. La receta para ello, formarse y dejar atrás la ignorancia para que nadie les volviese a engañar… Se lo debían a ellos mismos y a los grandes héroes que, en su última reencarnación, encontraron la fortaleza para acabar con la tiranía, en la Frontera Azul del Río Lian Shan Po.

Ángel Alonso


Dedicado a los grandes héroes cotidianos que se resisten a la tiranía de los Kao Chiu de turno.       

1 comentario:

  1. ¿Se tienen datos de si Kao Chiu salía a la palestra una vez por semana para machacar a los súbditos con discursos aburridos, vacíos de contenido y extensísimos? Saludos.

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