Desde el miércoles 21, al domingo 25 de enero, se está celebrando en el Recinto Ferial de IFEMA de Madrid, la Feria Internacional de Turismo, FITUR 2026, lamentablemente, la edición más triste, al menos, de los últimos años.
Las recientes tragedias ferroviarias ocurridas en España han propiciado un enrarecido ambiente de indignación y tristeza que, unido a la incierta situación internacional, en nada ayudan al lucimiento de la cuadragésimo sexta edición de un evento que, con la presencia de 160 países y el despliegue de 10.000 empresas, espera superar los 255.000 visitantes.
Y no sólo el luto oficial por el accidente ferroviario de Adamuz y el de Cataluña que causó la muerte de un maquinista, han marcado el Fitur de este año. Lo que se dice, los panoramas nacional e internacional, tampoco animan demasiado al optimismo y seguro que también son capaces de quitar las ganas de viajar…
La inquietud y la incertidumbre se han adueñado de todo y puede que una de sus primeras víctimas sean las reservas y contratación anticipada de paquetes turísticos… No hay certidumbre de nada y, quien más y quien menos, se muestra cauto y precavido a la hora de planificar sus vacaciones o, siendo más modestos, cualquier viaje.
Aun así y pese al dolor, Fitur es uno de los pocos actos que no se han podido cancelar tras la tragedia puesto que su organización requiere muchos meses de preparación e involucra a muchos países. En números de 2025, el sector turístico aportó unos 218.459 millones de euros a la economía española, contribuyendo con el 13% al total del Producto Interior Bruto… El año pasado España cerró con un total de 97 millones de visitantes extranjeros, cuyo gasto alcanzó los 135.000 millones de euros, cantidad que, en términos absolutos, se espera superar en 2026… Pero todo parece complicarse a cada momento y veremos a ver si la previsión se hace realidad.
Sea como fuere, hay que seguir viajando… Viajar siempre ha sido un aspecto fundamental en la riqueza del ser humano. Desde sus orígenes, en la “noche de los tiempos”, el hombre es nómada por naturaleza… Un instinto migratorio le impulsa a cubrir largas distancias obligándole a establecer el contacto con otras gentes y propiciando el conocimiento de otros lugares y culturas.
En toda su historia, el viajar ha sido la base de la comunicación y del contacto entre los pueblos y las personas... Lo que equivale a la base de la cultura y del saber y es, precisamente, en condiciones sedentarias, cuando el hombre se encuentra atrapado y halla desahogo en la violencia, la avaricia, la competitividad, la búsqueda del prestigio o la manía de lo nuevo.
Quizás esto explicaría el por qué las sociedades nómadas, como los hombres de las estepas, los esquimales del ártico, los indios de las praderas, los habitantes de la selva o los moradores del desierto, forman sociedades igualitarias, libres del sentido de la posesión y refractarias a los cambios... Y quizás esto también argumente el por qué casi todas o, cuando menos, las principales religiones de la Humanidad, entre sus enseñanzas proponen y premian el peregrinaje.
Viajar, aunque puede perjudicar el bolsillo, es bueno para el alma y, por eso, a pesar de que la coyuntura actual pueda, en principio, desanimarnos, no debemos permitir que nos venza y nos haga renunciar a ese importante alimento para el espíritu que, tal vez, podría acabar convirtiéndose en “el viaje de nuestra vida”. Ángel Alonso

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