Los antiguos decían que, cuando los dioses les eran favorables, ignoraban sus deseos y cuando querían castigarlos, los cumplían… Es habitual que solamos quejarnos continuamente de los políticos que nos gobiernan o nos representan en las instituciones, a menudo, sin reparar en que, precisamente, hemos sido nosotros quienes les hemos puesto ahí.
Resulta evidente que, a la hora de votar, nos faltan información, reflexión, coherencia y sentido de la responsabilidad… Cuando por ejemplo asistimos a una reunión de la comunidad de vecinos, demandamos y no dudamos en exigir explicaciones por las medidas tomadas, fiscalizamos al detalle cada gasto y votamos acciones futuras, movidas a veces por intereses personales, pero que son aprobadas o rechazadas bajo criterios del bien común…
Pero… ¿por qué somos capaces de actuar como vecinos comprometidos y responsables en el funcionamiento de nuestra comunidad de vecinos, votando, entre otras cosas, al presidente que creemos más capacitado y mejor gestor, cuando, por el contrario, mostramos mucho menos interés e implicación cuando se trata de elegir y exigir una buena gestión a nuestros políticos? ¿Acaso nos preocupa más la administración de nuestra comunidad de vecinos, que la de nuestras instituciones y nuestro país, en general?
Pues, lamentablemente, aunque nos cueste reconocerlo, sabemos la respuesta… ¿y quiere esto decir que nuestro país nos importa poco o nada? Pues no necesariamente. Lo que ocurre es que, llamémoslo el sistema, nos ha ido haciendo cada vez más gregarios e indolentes, en lo que se refiere a la elección de nuestros representantes políticos, y la exigencia de responsabilidad y gestión.
Ahora mismo, a cualquiera con aspiraciones públicas, le puede resultar menos dificultoso llegar a político que a presidente de una comunidad de vecinos. Mientras que a este último lo analizamos concienzudamente antes de decidir nuestro voto, al político lo elegimos desde parámetros tan triviales como su afiliación a un determinado partido, su aspecto físico, su oratoria, su simpatía y don de gentes… y cosas así.
Pero… ¿por qué? Pues porque, al que hemos llamado sistema, nos ha ido moldeando, como si se tratase de una selección genética para obtener votantes dóciles, conformistas y nada exigentes, difuminando formación, gestión, valores y principios, por grandes cantidades de populismo, radicalismo y supuestas ideologías que en poco o nada ayudan a solucionar las cosas del día a día de los ciudadanos.
De esta manera votamos a un determinado partido como si se tratase de hinchas de un equipo de fútbol o de un fanatismo espiritual… Concedemos nuestro voto con los mismos argumentos con los que le damos al “Me Gusta” en las redes sociales… Preferimos a un candidato porque nos parece más fotogénico que otro… o, lo que es peor, nos dejamos engatusar por quien nos envenena con populismos, radicalismos o fórmulas demostradamente fracasadas, recalentadas mil veces y que nos sirven como novedosas… Pues bien, no echemos la culpa a nadie, porque la responsabilidad de proceder y de actuar como lo hacemos, es nuestra y solamente nuestra… y sólo de nosotros depende solucionarlo.
Hace una semana estuvimos hablando de la trazabilidad de la información, aplicando la Inteligencia Artificial, para analizar con una seguridad muy superior al noventa por ciento, si una información es veraz y fuera de toda sospecha, o no… y también se hablo de la posibilidad real de que, el mismo procedimiento, se aplicase a las personas…
Ahora imaginemos que las cosas hubiesen sido de otra manera y se hubiera podido aplicar la “trazabilidad” a los políticos que nos dirigen, no sólo un país, sino el mundo… Pues coincido con ustedes en que, quizás, el ochenta por cierto, nunca habrían llegado a donde están… Pero no busquen culpables, ni se excusen por no haber dispuesto de las suficientes herramientas… No hay más responsables que nosotros y las herramientas siempre las hemos tenido: análisis, inteligencia, responsabilidad y sentido común… Lo que pasa es que sólo las aplicamos en las reuniones de nuestra comunidad de vecinos. Ángel Alonso

No hay comentarios:
Publicar un comentario