jueves, 18 de junio de 2026

El control de la información

Hasta el momento actual y contrariamente a lo que pudiera parecer, no ha habido conflicto más televisado que la guerra de Vietnam. A pesar de que los medios de los años sesenta solo permitían grabar las imágenes en formato cine y ello añadía su complejidad al proceso menoscabando la inmediatez de la información audiovisual, día tras día, los ciudadanos estadounidenses recibían en el salón de su casa y en diferido, el horror de la guerra y la idea de su inutilidad, opuesta a la posición oficial del Gobierno de Richard Nixon…

La excesiva censura y la deliberada falsedad de la información militar que proporcionaban las fuentes oficiales, hizo que los corresponsales de los medios cuestionasen la información que recibían por estos canales y se lanzasen a obtener su propia documentación de la guerra, moviéndose en libertad por todo el territorio y por ambos bandos, con la inmunidad que les confería su acreditación de prensa...

Aquello provocó un gran interés mediático y, con ello, una gran cantidad de información que, día a día, ocupaban las primeras páginas de los periódicos y los espacios de mayor audiencia en radio y televisión. En contra de la propaganda y de los esfuerzos de control del Gobierno, aquellas crónicas e imágenes no ocultaban los peores aspectos de guerra sobre el terreno y, lo que realmente fue demoledor para los dirigentes estadounidenses, las imágenes de soldados propios muertos en combate y su posterior repatriación a los Estados Unidos…

Aquel creciente e incesante goteo de víctimas norteamericanas y la ausencia de una justificación, lo suficientemente convincente, que explicase el mantenimiento de una guerra imposible de ganar, a no ser que se recurriese a medidas excesivamente drásticas, hizo que la opinión pública variase radicalmente hasta rechazar la postura gubernamental y obligar al presidente Nixon a la retirada de Vietnam, lo que todavía sigue en la mentalidad estadounidense como la única gran derrota militar en su historia.

Trasladando el episodio de Vietnam a los conflictos actuales, es evidente que los dirigentes actuales aprendieron bien la lección, sabedores de que, al menos, su supervivencia política depende del control total de la propaganda y de la información, eliminando todas las vías y las fuentes potenciales de proporcionar a la ciudadanía un mensaje y una información distintos de los difundidos por las vías oficiales.

Imaginemos por un momento que, al igual que ocurrió en Estados Unidos con la guerra de Vietnam, la ciudadanía rusa tuviera libre acceso al horror que se está produciendo diariamente en Ucrania, y fuese testigo de las imágenes de sus soldados muertos en combate y el goteo incesante de cadáveres repatriados… Tampoco resulta difícil de imaginar que, al igual que le ocurriera a Nixon, los ciudadanos estadounidenses se posicionarían radicalmente en contra del presidente Trump, si tuviesen un acceso detallado al día a día del conflicto con Irán… y lo mismo ocurría si la población israelí asistiese por televisión, desde el salón de su casa, a la decisiones, aciertos y errores de su líder, Benjamín Netanyahu…

Son otros tiempos y otras circunstancias… y, paradójicamente, asistimos al control férreo de la información, en los tiempos de la mayor capacidad de comunicación que el ser humano ha conocido jamás… y, una vez comprobada su eficacia, la cosa tan sólo acaba de empezar.                                                                                                                                                                                                                Ángel Alonso

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