A nadie se le escapa que, durante esta semana, la actualidad ha venido cargada de noticias y de acontecimientos reseñables. Pero dejando a un lado las importantes circunstancias particulares de nuestros respectivos países, por muy trascendentales que sean, separando el grano de la paja… y dentro del grano, seleccionando lo verdaderamente relevante, podemos llegar a la conclusión que, geopolíticamente hablando, el mayor acontecimiento de estos días no es ninguno de los acuerdos internacionales anunciados, ni el actual transcurrir de los conflictos abiertos, ni siquiera el desarrollo de la octogésimo primera Asamblea General de las Naciones Unidas, en su conjunto, que ha dejado sus cosas…
Pues no… Por muy relevante que sea todo lo ocurrido y que sigue ocurriendo, durante estos días, hay un hecho que eclipsa todo lo demás y es por lo que la aguja de la brújula mundial apunta directamente a un punto geográfico muy concreto: el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington. Allí dos gigantes, los dos hombres que concentran en sus manos una parte descomunal del destino de la Humanidad, se encuentran cara a cara, mirándose a los ojos…
Es la primera visita del líder chino Xi Jinping, a la capital estadounidense en más de una década, y ocurre precisamente en este tramo final de septiembre de 2026, justo cuando el mundo está como está y los plazos de la tregua comercial que sostenía el frágil equilibrio planetario están a punto de expirar.
Evidentemente sería muy ingenuo reducir el alcance de este encuentro a un mero acercamiento sobre discrepancias arancelarias o la reducción de las diferencias en exportaciones, o cualquier tipo de relación comercial entre China y los Estados Unidos… No… Bajo una estricta cortesía diplomática, lo que se va a abordar durante estos días es la definición misma del orden mundial para las próximas décadas.
Las dos superpotencias se hayan inmersas en una carrera por la hegemonía absoluta en aquellas áreas en donde, durante los próximos años, se decidirá el futuro de los ciudadanos del planeta… Las actuales prioridades son el control de los semiconductores de última generación, el desarrollo ético y militar de la Inteligencia Artificial, y la soberanía sobre las cadenas de suministro de tierras raras, esos materiales sin los cuales la tecnología moderna simplemente dejaría de funcionar.
Pero hay más… La rivalidad entre China y Estados Unidos también se disputa en la órbita baja de la Tierra, en la seguridad de las constelaciones de satélites y en la carrera silenciosa por establecer las primeras infraestructuras permanentes en el suelo lunar… Porque, quien domine el espacio, dominará la conectividad y la seguridad del mañana.
Para el resto del mundo solo nos queda esperar a ver qué sale de este encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, y no para ver en qué posición queda cada uno de los dos, sino para tratar de averiguar si las dos superpotencias serán capaces de acordar unas reglas mínimas de convivencia, o si nos avocan, irremediablemente, hacia un planeta fracturado… Un mundo dividido en dos bloques tecnológicos, económicos y estratégicos completamente estancos.
En un momento como éste me viene a la cabeza el célebre proverbio africano que dice: «Cuando dos elefantes se pelean, es la hierba la que sufre». Esperemos que lleguen a un acuerdo y nos dejen algo de pasto… Ángel Alonso

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